Fëanor, el Espíritu de Fuego

Hijo mayor de Finwë, el más hábil de los Noldor forjó los Silmarils y arrastró a su pueblo a una guerra sin esperanza contra Morgoth.

Fëanor y el Silmaril entre las llamas
Fëanor y el Silmaril entre las llamas | Ilustración de Claude

Curúfinwë, al que su madre Míriel llamó Fëanor, «espíritu de fuego», nació en Valinor durante los Días de los Árboles. Su nacimiento agotó las fuerzas de Míriel, que se retiró a los salones de Mandos y nunca volvió. Aquella pérdida marcó para siempre el carácter del hijo mayor de Finwë, Alto Rey de los Noldor: orgulloso, impaciente y de un talento sin igual entre los Eldar.

Fue maestro de la palabra y de la artesanía. Ideó las letras que después usarían todos los elfos y descubrió cómo crear gemas más brillantes que las de la tierra. Su obra mayor fueron los tres Silmarils, joyas que guardaban la luz mezclada de Telperion y Laurelin. Cuando Morgoth y Ungoliant destruyeron los Árboles, esa luz solo sobrevivió dentro de ellas.

Morgoth mató a Finwë en Formenos y robó las joyas. Fëanor lo bautizó entonces como Morgoth, el Enemigo Oscuro del Mundo, y pronunció junto a sus siete hijos un juramento terrible: perseguir con odio a cualquiera que retuviera un Silmaril. Aquel voto empujó a los Noldor fuera de Aman, provocó la Matanza de Alqualondë y la quema de los barcos en Losgar.

Ya en la Tierra Media venció a los orcos en la Dagor-nuin-Giliath, la Batalla bajo las Estrellas. Cegado por la ira, persiguió al enemigo hasta las puertas de Angband y allí lo rodearon los balrogs. Gothmog lo hirió de muerte. Sus hijos lo rescataron, pero Fëanor murió en las laderas de Ered Wethrin y su espíritu ardió con tal fuerza que su cuerpo se convirtió en ceniza. Su juramento, sin embargo, siguió vivo en sus hijos.

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