La luz natural podría ayudar a reducir el riesgo de demencia, según un estudio

Una investigación con más de 87.000 adultos sugiere que pasar más tiempo expuesto a la luz natural diurna se asocia con un menor riesgo de desarrollar demencia a lo largo de los años.

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01 jul 2026 - 15:00

Un nuevo estudio ha analizado la exposición a la luz diurna en decenas de miles de personas y ha encontrado una relación clara con un menor riesgo de demencia. La investigación, basada en datos de más de 87.000 adultos del Biobanco del Reino Unido, apunta a que quienes reciben más luz natural durante el día podrían tener una mejor protección frente al deterioro cognitivo a largo plazo. No demuestra por sí sola una relación de causa y efecto, pero sí añade una pista valiosa a la prevención: algo tan simple como la luz del día podría importar más de lo que pensábamos para la salud del cerebro.

Lo que vieron

El estudio siguió a 87.577 adultos sin demencia al inicio de la investigación. Para medir su exposición a la luz, los participantes llevaron dispositivos de muñeca durante siete días en condiciones de vida cotidiana, lo que permitió recoger datos objetivos sobre la intensidad de la luz diurna y nocturna.

La idea no es que la luz sea una cura, sino que puede convertirse en una señal útil para entender mejor quién está más expuesto al deterioro cognitivo.

Tras un seguimiento medio de 8,1 años, 741 personas desarrollaron demencia. Al analizar los datos, los investigadores observaron que una exposición media a la luz diurna superior a 1.000 lux se asociaba con una reducción del 16% en el riesgo de padecerla.

Los resultados fueron aún mejores en quienes pasaban más tiempo bajo luz brillante. En concreto, la exposición a 5.000 lux o más durante al menos 0,70 horas al día se relacionó con una reducción todavía mayor del riesgo, mientras que la luz nocturna no mostró una asociación significativa.

Una pista útil

Los autores creen que la explicación puede estar en el papel de la luz para regular los ritmos circadianos, que influyen en el sueño, el estado de ánimo y distintos procesos cerebrales. Una mejor sincronización del reloj biológico podría ayudar a proteger funciones cognitivas con el paso del tiempo.

El autor principal, Hongliang Feng, resumió el hallazgo con una frase muy clara: “La exposición a la luz diurna podría servir como un nuevo indicador del riesgo de demencia”. La idea no es que la luz sea una cura, sino que puede convertirse en una señal útil para entender mejor quién está más expuesto al deterioro cognitivo.

Otro dato llamativo del trabajo es que recibir menos de 0,7 horas diarias de luz brillante durante el día resultó ser un predictor más fuerte de demencia que seis factores de riesgo ya establecidos en sus análisis exploratorios. Eso refuerza la idea de que el entorno diario también importa en la salud cerebral.

En un campo en el que siguen faltando tratamientos realmente eficaces, encontrar factores protectores sencillos, accesibles y no invasivos es muy valioso. Y en este caso, la ciencia vuelve a mirar algo tan básico como la luz natural para recordar que, a veces, cuidar el cerebro también puede empezar saliendo un poco más al día.

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